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· Tiempo estimado de lectura: 4 minutos ·

- el día 20 -

Continuamos nuestro viaje caminando por la orilla del río, nos quedaba algo de comida y agua no nos faltaba. Avanzábamos sin prisa pues no teníamos destino fijo y nos deteníamos a menudo para descansar, en aquella zona no hacía tanto calor pero el terreno era mucho mas accidentado y cansaba mas caminar.

Nebil y Norte se hicieron muy buenos amigos aquellos días y Adrián nos contaba historias de la antigua Tierra para amenizar el camino, yo prestaba tanta atención que a menudo me despistaba y tropezaba en alguna raíz o alguna piedra, pero no hubo mas consecuencia que unas buenas carcajadas de mis compañeros.

Fueron varios días muy tranquilos, pero el día 20 de nuestro viaje fue un día realmente trágico.



Poco antes de que saliese el sol, dormía plácidamente en la cabaña desmontable, cuando violentamente me arrastraron fuera por un tobillo. Antes de que pudiera incorporarme un machete apareció ante mi cara, de pie ante mi un desconocido de considerable tamaño me amenazaba para que no me levantara. Le acompañaban otros dos gigantes que entraron en la cabaña y sacaron a Adrián y a Nebil.

-¡ Ciro qué ocurre !?

-¡Silencio !- exigió el que me amenazaba

-Señores,- continuó - siento decirles que sus pertenencias son ahora nuestras. Les aconsejo que no se resistan, no nos den problemas y no se los daremos.

Nos hicimos a un lado y entraron en la cabaña a coger nuestras cosas. Mientras, el primero, seguía amenazándonos con su oxidado machete.

Sacaron nuestras mochilas y procedieron a recoger la cabaña para llevársela también.

Al oír las voces, Norte, que se encontraba en el bosque, se acercó a nuestro campamento, venía galopando pero frenó bruscamente al llegar y encontrarse con los desconocidos.

-¡ Genial !, ¡ Comida ! - Gritó uno de ellos. Norte se asustó pero no huyó, supongo que se preocupaba por nosotros.

-¡ Chicos hoy comemos carne fresca !- dijo el del machete mientras echaba a correr hacia el caballo. Norte dio la vuelta para huir pero el bandido ya estaba casi encima de él con el machete alzado. En ese momento Nebil saltó sobre el atacante y lo derribó, evitando que hiriese o matase al caballo.

Intentamos correr hacia Nevil para ayudarle pero los otros dos nos agarraron y nos inmovilizaron.

El bandido se levantó rápidamente gritando con gran furia - ¡¡ IDIOTA !!- Se abalanzó sobre Nevil y le atravesó el estómago con el machete.

-¡¡ NOOOO !!!!- gritamos Adrián y yo mientras intentábamos liberarnos de los que nos inmovilizaban.

El bandido desclavó el machete y Nebil se derrumbó en la hierva con la mirada perdida.

Al ver caer a Nevil Norte se alzó sobre las patas de atrás relinchando, y al descender golpeó al bandido con las de delante lanzándolo por el aire varios metros. Los otros dos nos soltaron y fueron a acudirle, pero se levantó antes de que llegasen.

- Vámonos de aquí- dijo mientras recogía el machete. Y cojeando y lamentándose de sus heridas se fue corriendo nuestro asaltante acompañado de sus secuaces con nuestras mochilas.

En un charco de sangre yacía nuestro amigo y Norte se lamentaba a su lado.

Comprobamos su pulso pero ya no estaba, Nevil ya no estaba.

Adrián se arrodilló junto a él con la boca entreabierta y los ojos temblorosos y se quedó mirándolo en silencio.

Yo no entendía cómo se podía llegar a ese extremo. Aquellos tres hombres habían decidido sobrevivir de otra manera, aprovechándose de los demás, no buscaban civilización, ni provisiones, ni chatarra, buscaban gente a la que asaltar. Pero matar a alguien por un caballo... Era consciente de lo inmensa que podía llegar a ser la crueldad humana, vivía en un mundo arrasado y masacrado por nosotros mismos, pero nunca lo había visto con mis propios ojos. Me sentía abrumado, abatido, angustiado, la rabia se mezclaba con pena y la impotencia con incertidumbre. Lo único que pude hacer fue llorar.

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1 comentario:

lucia dijo...

Ohhhh!! Pobre Nebil, por un momento pensé que te hibas a cargar al caballo, pero no.